Una Tarde de Jaiba

en cultura

Por: Daniel Nava Quiroz
Foto: Dan Roz
-Las moscas adentro del carro no se comparan a las de allá afuera, me dijo Enrique con amplia sonrisa.
En la lejanía y mientras íbamos llegando, se pueden ver montículos blancos y rojizos de jaiba, ostión y otros caracoles. Todo entre basura, arena y flora muy espinosa.
Los suelos están llenos de hoyos, que pueden ser de ratas o víboras y arañas peligrosas. No lo sé.
Sonora tiene la mayor variedad de animales venenosos en el mundo.
Ayer me fui a moler Jaiba, como mucha gente aquí.
Esta es una de las fuentes de empleo para la gente de Bahía Kino. Como todo lo relacionado con el mar, como la pesca.

Daniela y Enrique son mis anfitriones y me han cuidado mucho.
Ella es Seri y sobrina directa de Tatalay, uno de los principales chamanes de la Nación Comcaac, a una hora de Bahía Kino, y él es un Coczar, que en idioma Cmiique-iitom significa “el mexicano no indígena”.
Para mí es un mexicano muy buena onda y sencillo.
Ambos desarrollan una empresa que recolecta exoesqueletos y endoesqueletos de animales marinos y los trituran en los montes y páramos fuera de la ciudad, donde restaurantes y otros muchos locales también tiran sus desperdicios.
Donde otros solo ven basura, tanto ellos, como yo, vemos prosperidad entre montañas olorosas a pudrición de mar.
Esta pareja, junto a un increíble equipo familiar de trabajo, crean fertilizante para atacar 3 problemas de fondo: la contaminación que hay en la zona, aprovechar los desperdicios para mejorar su economía personal y crear fuentes de empleo.
Mi labor fue estar parado junto a la banda de la máquina trituradora, donde se va limpiando toda la jaiba y desperdicios óseos de basura plástica y residuos.
Esta es la parte más importante del “proceso de producción”, porque es donde se mide el “control de calidad”.
Cuando una tonelada de este fertilizante de jaiba lleva pedacería plástica y residuos, se regresa y no se paga. Si esto pasa, hay muchas pérdidas y las horas de exhaustivo trabajo en el pesado sol, más el hedor y el polvo de camarón que respiras y entra por tus ojos, nariz y boca, a pesar de estar bien cubierto, más los piquetes de mosco, así como la cantidad insalubre de moscas, pierden todo su valor y se evaporan desde las grietas del suelo desértico, como todo ánimo y esfuerzo aportado.

El cuerpo queda impregnado por un aroma difícil de olvidar.
De ahí la importancia de que la jaiba vaya limpia 100%.
Es muy complicado limpiar el producto porque los plásticos van en pedacitos y es fácil confundirse.
Por la noche, me deshidraté y no paré de vomitar. Me dolía mucho la espalda y tuve un cansancio que sólo sentí cuando hice alguna competencia de natación en aguas abiertas, o al entrenar triatlón.
Sí, fue algo extremo, debo admitirlo.
La gente se la pasa haciendo esto más de diez horas durante días para cumplir la demanda del tonelaje y del patrón.
Muchas veces no se duerme.
El salario tampoco es suficiente para tantas complicaciones y horas de esfuerzo.
• ¡No alcanza pa´ más!, me dice Enrique apenado.
Yo soy muy consciente de eso ahora.
Estuvimos cerca de seis horas trabajando y paramos algunas pocas veces para respirar. Esas fueron las horas mentalmente más cansadas de mi vida. Porque no existe un verdadero desgaste físico, sin embargo, el trabajo es tan repetitivo que se vuelve extenuante.
Ahora comprendo por qué mucha gente necesita drogarse con Cristal o meterse otra cosa al cuerpo para aguantar el esfuerzo mental más que el físico, que de por sí es complicado por las condiciones insalubres y climáticas, lo cual se resume en un verdadero infierno.

Llegué a Sonora para preguntar por qué tantos problemas de adicción a drogas como el Cristal y por qué tanta descomposición social. Deduje, como muchos viajeros y turistas, con el prejuicio y la ignorancia, que la gente “no quiere trabajar por wevona y prefiere lo fácil”.
No entendía bien la raíz y el fondo.
Jaiba tras jaiba, mareo tras mareo, vomito tras vomito, me he tragado lentamente cada una de mis palabras entre ayer y hoy, mientras sale esta nota y se alivia el cuerpo de las arcadas.
¿También te meterías Cristal, Daniel?, me pregunté con cruel sinceridad, mientras trabajaba y el sol desaparecía de aquel hermoso páramo desértico.
Me confesé humano…


No solo es el clima del desierto más caluroso del mundo. No sólo es falta de desarrollo y crecimiento social. No solo es gente que, por depresión, adicción, necesidad o carencias, día tras día intenta buscar cualquier forma de sustento inmediato.
Los gringos de acá no son los gringos wannabe de San Miguel de Allende.
Los pescadores de acá se enfrentan a las condiciones más adversas de la fauna natural.
La gente de acá en verdad se tiene que cuidar.
Necesitaba entender por qué tantas drogas en un paraíso como Bahía de Kino, Punta Chueca y El Desemboque.
Quería ver con mis propios ojos el choque cultural entre la tradición indígena que escribió Fernando Benítez en los Indios de México y la modernidad de Occidente con su “Progreso” y los cuarenta peores años para el país con el Neoliberalismo.
Crecí poniendo techos de lámina, cepillando madera y hasta haciendo mezcla para construir mi propio cuarto, así que no soy una persona que huya del trabajo. Sin embargo, este esfuerzo rebasó todas mis ideas.
La experiencia me sobrepasó.
No hay agua suficiente, la verdadera 4T todavía no llega a esta comunidad y la gente no está pasando su mejor época, luego de la Pandemia.
Estas comunidades viven en un círculo interminable de vida, bajo las mismas condiciones sociales de carencia. Esto “muy-len-ta-men-te” están cambiando.
Y los cambios sociales, por muy bien intencionados que sean, si se alargan crean desesperación, desesperanza, desconfianza y resentimiento hacia todo gobierno, organizaciones, personas o a quien se ponga enfrente.
No por algo las urnas se volcaron en estas pasadas elecciones.
Por eso la violencia, el robo y la venta de drogas son formas de obtener mucho dinero sin esfuerzo.
Y a pesar de todo eso, una mujer de tan solo veinte años me demostró sus ganas por salir adelante, su coraje para romper los paradigmas de la comunidad y su fortaleza femenina para soportar tan largas jornadas, sin una sola gota de droga, alcohol o cualquier otra sustancia.
Su temperamento y fuerza viene de su voluntad, desde la sangre y los huesos, desde su hermosa piel morena, bendecida por el sol.
Sin duda alguna, ella rompe la regla de la Generación de Cristal.
Ella es una mujer empoderada.
Daniela quiere sacar adelante a su nueva familia, a su comunidad. Quiere ser la excepción en su vida personal. Más allá de lo que digan o como sea vista y juzgada.
Ella es una mujer entera.
Sin duda alguna, Daniela y su esposo Enrique merecen todo el apoyo necesario para crecer.
Ellos no piden limosna, solo una profunda comprensión de la realidad que está viviendo Bahía de Kino, Punta Chueca y El Desemboque para salir adelante junto a su etnia.


Eso es lo que más me encantó de esta pareja: que no sólo piensan en ellos mismos.
Y como ellos, sin duda hay muchos más.
Veo con dadivoso placer tantos video-documentales sobre las virtudes y lo hermoso que es la comunidad Comca´ac. Y veo lo que personas publican en internet sobre su experiencia turística en Punta Chueca y el territorio alrededor.
Y eso está bien para las líneas editoriales de cualquier oficina de turismo, para los medios de comunicación sin escrúpulos, o para las agencias de publicidad, carentes de visión a largo plazo, como lo fue la tan mala propaganda que hizo el Gobierno de entonces sobre los Pueblos Mágicos, allá por 2001, y que echó a perder joyas ecoturísticas como San Miguel de Allende, Sayulita, Tulum y no me cansaría de mencionar los demás lugares.
Por favor, recuerda la ecuación: “Dinero no es sinónimo de mejorar y mucho menos de Progreso”.
La realidad del paraíso sonorense es distinta. Muy pocos medios retratan la otra cara de la moneda sobre las playas de Sonora, donde se crea el proyecto Escalera Náutica.
Por supuesto, muchos quieren evitar las verdades incómodas, ¡ya sabes!: esconder la basura bajo la alfombra.
No obstante, ¿cómo crear condiciones laborales de distinta especie, sin perjudicar el espacio biocultural de una población?
¿Cómo no repetir los errores de Cancún, Acapulco, Puerto Vallarta y ayudar a la comunidad para que tenga crecimiento y desarrollo sostenible?
A decir verdad, no lo tengo muy claro todavía, luego de mi tarde limpiando jaiba y ahora que la siguiente arcada me hace interrumpir el teclado.
El siguiente capítulo tendrá seguramente una mejor respuesta a estas dudas que me dejan ahora un sabor salado entre emoción y juicio argumental.
No obstante, cada acción de Daniela y Enrique me demuestran que sí se puede hacer la diferencia.
-Nomás hay que tener fe, concluyen con una sonrisa de oreja a oreja y sus voces me hacen sentir paz.

Dan Roz es un escritor que transmuta mejor la voz de Hacedor a través de la historias cortas. Su proceso de aprendizaje continúa en la novela, el guión y la poesía.  El es es autor de numerosos libros como San Miguel Underground y Páramo y sal: Historias fantásticas para recuperar la realidad